Llamada así por todos
los familiares:
Podía referirse a ella
mi madre en horas de melancolía
y recuerdos de la niña que fue
y que yo con gusto compartía.
Ahora, evocando los tiempos pasados
-aun la abuela vivía-
me veo:
-¿por qué no funciona?.
-La radio se rompió viniendo de
Marruecos, durante la larga travesía.
Allí estaba, ya muda
y resaltaba.
Jugaba yo con ella a escondidas,
indagando por los viejos botones y sus
entrañas, donde su mansión tenía el polvo,
y las arañas zancudas tejían su blanco hilo
encantador.
De carcasa dilatada y laderas carcomidas.
Era toda su sesera silueta corrompida.
El corazón con calambres,
intestinos de bobinas,
y la boca amordazada, tela parda destruida.
Tumba muda ya cansada
de lo crudo de la vida.
De la escena cotidiana compañera matutina
y noctámbula sincera de sus dueños,
polvorienta, callada, vespertina.
Fue miembro ella de mi vida temprana y
poesía de vereda cercana,
¡cuánta vida!.
¡cuántas verdades diría
e historias y cuentos
y mil una boberías!
-¿cuántas veces entonaste la preciosa melodía?.
Y ventrílocua que fuiste
de un millón de algarabías
aun llegando tu silencio-.
¡A ti, a ti mi radio enmohecida,
lápida de los mecenas
que no saben que tu muerte
es lo mismo que la vida!
Hoy, entre cartones encerrada,
esperando al erudito que sepa devolverle
su antigua voz, ronca desgastada,
-mi radio antigua, descansa,
el compromiso no tarda-.
Huelva marzo de 1998 Enrique Adrados
1 comentario:
que sepa su señoria. que ya funciona. encontre la lampara que faltaba, bravisimo ,
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